Descripción del Proyecto

Dentro de las competencias específicas de la facultad lingüística general, destaca por su relevancia la capacidad de argumentar, en tanto proceso que se encuentra subyacente a toda práctica humana dotada de un sentido comunitario y llevada a cabo tanto por una intención individual como por una intención colectiva. En tanto actividad colectiva, la argumentación es una conducta verbal, y comunicativa en sentido amplio,  que se manifiesta en el intercambio crítico de puntos de vista entre sujetos y grupos que admiten diferencias (van Eemeren y Grootendorst, 2004); en tanto conductora de intención individual, la capacidad de argumentar es utilizada por un individuo que busca, implícita o explícitamente, hacer que su oyente, entre otras posibilidades, cambie de opinión o tome determinado curso de acción (van Eemeren y Grootendorst, 2004; Tindale, 2004).

A partir de las coordenadas culturales de las distintas comunidades de habla, es razonable esperar que el “valor y función” que un colectivo le otorga a argumentar varíen (Hample, Warner y Young, 2009; Hample, Han y Payne, 2010; Ricco y Sierra, 2011), al mismo tiempo que las formas a través de las que un sujeto intente alcanzar un objetivo específico con un set de proposiciones, manifiesten el grado de complejidad argumentativa que conforma la estructuración de su argumento (Walton, Reed y Macagno, 2008). Investigar las líneas de trabajo que estas observaciones contienen arrojaría tres resultados de importancia, a saber, diseñar modelos educativos remediales que releven y promuevan una cultura democrática deliberativa; profundizar en el conocimiento de las competencias textual y oral que expresan complejidad argumentativa en estudiantes universitarios; y finalmente, obtener datos que expliquen la facultad misma de argumentar.

La investigación aportó, precisamente, en la descripción y análisis, por un lado, del valor y la función que jóvenes universitarios dan al argumento y a la argumentación y, por otro, develó la complejidad argumentativa que exhiben toda vez deben poner en marcha esta capacidad. Entre las preguntas investigativas que se plantearonn en esta investigación, destacan: ¿Cuán importante es para los jóvenes chilenos de educación superior poner en práctica la capacidad de argumentar?, ¿Qué variables socio-culturales y cognitivas determinan la valoración y funcionalidad atribuida por los estudiantes de educación superior a la práctica de argumentar?, ¿Cómo valoran y qué función le otorgan a las prácticas de mantener un disenso, consensuar y abstenerse de opinión en situaciones de controversia o cuestionamiento?, ¿Qué grado de complejidad argumentativa muestra la exposición escrita y oral de argumentos en estudiantes universitarios?, ¿Qué rol cumplen los topoi culturales en el entramado de complejidad argumentativa que los estudiantes poseen?

Para responderlas, esta investigación procuró alcanzar una adecuación descriptiva y explicativa; su carácter temporal fue de orden sincrónico, y combinó métodos cualitativos y cuantitativos. El corpus de estudio se obtuvo a partir de un muestreo a estudiantes de enseñanza superior de las regiones de Coquimbo y Metropolitana, tanto de instituciones de educación públicas como privadas.

En las publicaciones del proyecto, en tanto algunos de sus resultados, se podrá ver que: 1. Se analizó y comparó las claves socio-culturales y cognitivas que determinan la valoración de la facultad cognitiva y lingüística de argumentar; 2. Se analizaron las estructuras argumentativas recurrentes que grafican el grado de complejidad argumentativa; y 3. Se crearon algunas bases conceptuales y metodológicas para un modelo remedial de intervención lingüística que permitiría entender la complejidad argumentativa y generar las condiciones para producir argumentos complejos de acuerdo con variables contextuales.